VÍCTOR GARRIDO. SANTA CRUZ
Según un informe de una empresa fumigadora al que ha tenido acceso este periódico, roedores, cucarachas y xilófagos -organismos que se alimentan de la madera, como hongos y termitas- comparten estancia con los diputados canarios, una situación que presenta una especial gravedad en el edificio antiguo, donde se encuentran el Salón de Plenos, el despacho de la Presidencia, la sala de la Mesa, o la Sala de la Constitución, donde se celebran la mayoría de las comisiones parlamentarias.
Ojo, daños incalculables.
El principal problema del edificio, certifica la empresa, son los xilófagos, que podrían llegar a causar "daños de incalculable valor". En la inspección visual realizada en la sede antigua, comprobaron varias zonas afectadas de importancia, como la Cúpula o el mismo Salón de Plenos. De hecho, inciden en que las vigas que sustentan el suelo de madera están en su mayor parte comidas, por lo que recomiendan la completa sustitución de las mismas habida cuenta de su alto grado de infestación.
Nacen, crecen...
Otro de los "graves problemas" del edificio central son las cucarachas. Los fumigadores han observado insectos muertos, crías vivas y huevos;y advierten que "si esto no se controla, tendremos una plaga de cucarachas en el Salón de Plenos".
Por último están los roedores, que merodean bajo el suelo de madera del Salón de Plenos, hecho comprobado por sus huellas y excrementos. Las ratas pueden llegar a comerse los cables, provocando una bajada de tensión, inutilizando las cámaras de televisión, etc.
Hay solución.
Para combatir a los bichos del Parlamento, la empresa fumigadora propone una batería de actuaciones como la colocación de rodenticidas, insecticidas, trampas de feromonas, etc. para controlar su población y conocer su magnitud exacta. Los objetivos serán los accesos principales de los falsos techos, conexiones a los edificios colindantes, patios, arquetas exteriores, etc.
La empresa se ha comprometido a controlar todas las plagas en un plazo de 90 días. De no ser así, nadie se extrañará cuando un diputado justifique la desaparición de un expediente porque, "señoría, se lo han comido los ratones".